¿Te cuesta decir no? probablemente eres de aquellas mujeres que se comportan de manera complaciente, no sólo a nivel laboral, si no también en lo personal y familiar.

Algo que a las mujeres en general nos cuesta mucho hacer con los demás es ponerle límites, hemos sido “adoctrinadas” desde pequeñas a ser tremendamente complacientes y condescendientes con los demás; nos vamos trasgrediendo lenta y profundamente, dando prioridad a las necesidades de los demás por sobre la de nosotras mismas.

Este modo de funcionar no sólo nos impacta a nivel personal, sino también laboral y familiar. Vamos por la vida aceptando cosas que no son de nuestro agrado. Aceptamos que el esposo o los hijos nos traten de cierto modo, no ponemos limites con la cooperación en la casa en el orden y limpieza, y bajamos los brazos, etc. A nivel laboral, no sabemos cómo poner límites a los compañeros de trabajo, aceptando trabajos que no son de nosotros, o a los jefes, tratos y horarios que distan de lo “correcto”, y la lista sigue.

Ser complaciente es una conducta aprendida desde pequeña, e indica que debemos hacer las cosas porque sentimos la necesidad casi compulsiva de hacernos responsable por lo que los demás sienten y hacen, a un nivel a veces no consciente  deseas que los demás se sientan bien, dejándonos frecuentemente manipular por los demás.

 

Lo anterior lo permitimos porque es importante sentir que le agradamos a los demás, complacerlos, tener su aprobación siendo servicial y estando dispuestas. Así la capacidad de decir que no, se ve disminuida ante ello, porque si lo hacemos, nos sentimos culpables…estaríamos contradiciendo ese mandato que tenemos de hacer felices a los demás.

La culpa nos incomoda, incluso tratamos de adivinar lo que los demás quieren y necesitan para satisfacerlos, luego al tiempo caemos en cuenta que te has trasgredido, lo que nos va llenando de rencor, rabia, remordimiento, etc., hacía los demás, porque los consideramos culpables de esto que nos pasa. Todo ello va mermando nuestra autoestima; no nos sentimos vistas, valoradas y consideradas.

Funcionamos así por miedo a que nos rechacen, aprendimos que para ser queridas, debemos ser como los demás esperan que seamos, y aguantamos de más, terminando por estar ansiosas e irritadas, hasta que explotamos de tanta sobrecarga emocional porque no podemos estar en todas…

…no podemos con todo, hacernos cargo de todo, aguantar a todos…y cuando deseamos poner límites, lo hacemos muchas veces mal; desde la irritación máxima o desde la victimización extrema, lo que es entendible, porque nadie nos enseñó que podíamos decir que ¡no!, y que estaba bien poner limites y velar por nuestro derechos y bienestar.

La buena noticia: es algo aprendido que puedes desaprender y desarraigarlo de tus patrones conductuales. ¿Cómo?… ahí te va una de las tantas recomendaciones, al menos para empezar:

A partir de hoy recuérdate a ti misma, cada vez que estés en la encrucijada de sentirte incomoda ante las necesidades de los demás y las tuyas lo siguiente -hasta hacerlo un hábito e integrarlo:

“¡YO SOY VALORABLE, RESPETABLE Y POR SOBRETODAS LAS COSAS QUERIBLE! Voy a disfrutar el cariño, afecto y compañía de los demás, y relacionarme con los demás, sin que ello me comprometa a sacrificar mis necesidades, mis ideas o mi vida” buscaré el equilibrio” 

Ahora vaya y pida lo que necesitas, o ponga límites considerándose usted también.

El cambio de hábitos se realiza a través de la práctica, para cambiar este patrón de comportamiento debes repetírtelo antes de poner límites, una y otra vez para tomar valor y colocarlos. Al principio sentirás que te finges, no importa, síguelo haciéndolo. A veces en los cambios más profundos, media primero el fingir, hasta que éstos se integran y se hacen reales Con la práctica, la toma de acciones correspondientes te harán sentir valiosa! cambiará tu modo de verte, y de valorarte.

Cumplir con lo anterior te permitirá poner en marcha un circulo virtuoso…a mayor límites y autovalidación, mayor autoestima y mayor respeto de los demás hacia ti.

Si aún no has logrado poner limites a los demás sin sentirte culpable, y sintiéndote con el derecho a hacerlo, te invito a una Sesión Virtual Gratuita de Descubrimiento conmigo, donde juntas podamos descubrir qué te está estancando y cómo puedo ayudarte.

Cariños,

Tatiana.

 

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