Tatiana Mechasqui V.

 

Desde que tengo memoria, recuerdo ser una niña insegura que la movilizaba el miedo a ser inadecuada y no ser querida, era superior a todas mis capacidades. Hacía todo para ser aceptada por los demás, con tal de sentirme acogida y segura.

Escondía mis errores, para no enojar a los otros, porque algo dentro de mí decía que yo no estaba bien. Sabía que era bonita, cariñosa y buena niña (tranquila), pero eso no bastaba, faltaba una certeza interna de sentirme valorable.

Mis padres estaban separados y crecí con hermanastras y un padrastro con un humor bastante especial, que me hacían sentir diferente e inadecuada a través de sus chistes. Sé que no era su intención, pero cuando haces chistes sobre la esencia de una persona, y sobre todo una persona con baja autoestima, eso cala profundo, quebrándola más internamente.

En el colegio recuerdo compararme con los compañeros, en lo que tenía o no, en lo que podía lograr o no, en lo que ellos eran y yo no. Había la una gran necesidad de auto afirmar mi autoestima quebrada, y así llegue a la adolescencia.

La sensación final era, algo me faltaba para “ser suficiente”.  No importaba lo que hiciera, no me sentía adecuada en este mundo. Fuera como fuera, seguía adelante, yo no era consciente de esto que me pasaba, solo lo sentía, y finalmente daba por sentado que no era tan “buena”. Así llegue a abandonar mis clases de pintura y los deportes, por no ser suficientemente buena.  Hice tantas cosas, pero no podía conseguir sentirme triunfadora, porque no me sentía capaz y buena  ¿para qué seguir? si finalmente no lo era…al poco tiempo retomaba, pero siempre en algún momento me sentía inadecuada e insegura.

 


Abandonando mis Sueños

Entre los 6 y 16 años viví en Venezuela, y en el año 91 llegué a Chile nuevamente, vine a terminar la secundaria. Recuerdo sentirme que no  encajada, era la “venezolana” que venía llegando a Chile, y debía adaptarse, y sentirte parte del grupo. Lamentablemente a pesar de querer a mis compañeros, nunca me permití estar del todo adentro.

Alumna tranquila, siempre adaptada a las reglas; me daba pánico enfrentar las consecuencias si las quebrantaba, con un promedio bueno, pero no brillante, era una niña inteligente, aunque yo no lo sabía.

Decidí que no podría estudiar lo que quería -Medicina- porque la cabeza no me daba (o sea no era tan inteligente después de todo), La confirmación estuvo cuando el “orientador” del colegio me dijo que con ese promedio que tenía era imposible; terminé por abandonar mi deseo.

Finalmente, no quede en la carrera, y para rematar, todos mis primos entraron en las dos mejores universidades de Chile, me sentía una vergüenza para mi familia. Vengo de una familia de intelectuales y yo no podía desteñir!  Ante la vergüenza entre en la primera carrera que se parecía un poco más a ser médico; psicología, aquí también podía cuidar de otros, pero desde lo mental. Pase por la universidad con los mejores promedios de notas, pero eso no era suficiente, yo dudaba siempre de qué tan capaz era.

Recuerdo aquel año donde tuvimos que decidir sobre la especialidad a seguir en la carrera, y decidí por psicología laboral porque se me daba fácil. Sin embargo, algo quedo marcado en mí ante el comentario de una profesora:  ¿“y usted mijita (expresión chilena para referirse a una chiquilla) se va a Psicología clínica verdad? Y mi respuesta fue: “no profe, a organizacional” A lo cual ella responde: “¡qué desperdicio! habrías sido una excelente psicóloga clínica”. Siempre me quedó eso en mi corazón. Ella veía el potencial que yo no veía.

Tomé organizacional, me gradué y trabajé en ello en dos empresas muy reconocidas en Chile . Mis jefes me reclamaban porque la gente llegaba llorando a mi trabajo y yo los calmaba para recomponerlos. Desde ellos “yo no había sido contratada para eso”, sino para que la gente fuera más y mejor productiva. Eso caló profundo en mí, no podía ser psicóloga y desentenderme del sentir de la gente.

 


Haciendo consciente algo inconsciente

Paralelamente a este episodio, en un pos-título que estaba cursando hice un ejercicio de terapeuta con un problema real de un compañero, y para mi sorpresa, el del profesor y de todos, el feedbak fue fenomenal; yo siempre había querido ser clínica, pero no había optado por miedo a no ser tan buena como los demás,  así que esta vez me y cambie de rubro.

Me titule del diplomado, y no tenía casi pacientes, pasé de tener un buen sueldo a ganar prácticamente nada. Comenzaron todos los cuestionamientos, me criticaba porque así me moriría de hambre, me creía mala por no conseguir más pacientes; hasta que comprendí que esto era lento.

 


Insegura de pie a Cabeza

No me sentía del todo segura como psicóloga clínica, así comenzó una carrera desesperada por cuanto diplomado y curso podía tomar, pero nada era suficiente para que yo me sintiera segura en lo que hacía. Recuerdo ir a sesiones con los pacientes, y dudar si hacía o no lo correcto, si era buena, o no ¿cómo era posible que dudara de lo que tenía que hacer?

Me daba rabia y pena a la vez, no quería sentirme más así y dudar de todo. De sentir que me faltaba algo para ser realmente buena, no sabía qué era lo que me faltaba, pero lo buscaba sin cesar.  Mi mentora me decía “¡no sé de qué te sientes insegura! Cuando yo veo que eres muy buena psicóloga; excelente intuición, buena en apego con los pacientes, adecuadas intervenciones; tienes que empezar a creer en ti”

Luego de una de las tantas sesiones grupales de psicoterapia, una de mis compañeras me digo que le daba rabia que yo dudada tanto de mí, que me veía una mujer power, y así prosiguieron todos…yo sólo lloraba, era una mezcla de sentir pena de no ver lo que ellos veían, pero, por otro lado, pena porque me costaba creérmelo.

 


 El Renacer

A pocos días de esa sesión de terapia, yendo al trabajo. Un día lluvioso, gris y nuboso, recuerdo sentirme tan mal por mí misma, quería desaparecer, cambiar de país, de carrera..de todo. No era feliz y me tenía tan aburrida de esa angustia constante de querer sentir esa certeza de seguridad. Sufría por mí misma, me daba lástima y me sentía poca cosa.

Ese mismo día estaba en un semáforo, comencé a llorar tomada del volante con una angustia inconmensurable, ya no quería sentirme así, tan poca cosa, tan insegura de todo, necesitaba tranquilidad. Fue cuando ahí mire al cielo llorando desgarradamente alcé mi cabeza y me prometí que nunca más sentiría pena y lastima de mi misma. Me dije a mi misma esto termina hoy y aquí, ¡nunca más me rendiré y sentiré que no puedo, que soy mala. A partir de hoy me centraré en lograr las cosas, en vez de victimizarme.

Es así como comenzó un verdadero camino en el cual no he parado. ¡Tenía que hacer las cosas y ya! no había espacio para derrotarme a mí misma, evadir o sentirme incapaz. Tenía que hacer todo lo que estuviese a mi alcance para aprender, salir adelante y saborear el triunfo. Comenzó la carrera por pararme y llegar a donde hoy estoy

 


Comenzaron a cumplirse los sueños

Comencé a aceptar todas las propuestas que me llegaban, si me daba miedo, me alentaba y lo hacía igual. Ya no me tiraría más al suelo a decirme que no puedo. Debía aprender a quererme y confiar en mis potencialidades. Me recordaba que no había espacio para dudar o tirarme a llorar. ¡Debía hacer las cosas y demostrarme podía tener éxitos, cambiar de estrategia y ya! …y seguir.

Así comenzaron a llegar los pacientes por doquier, algo había cambiado en mí, comencé a llamar el éxito, sentirme cómoda y sentirme más segura. Confiando en mis conocimientos, y en mi habilidad para vincular.

Luego me arriesgue un más y tome un diplomado muy difícil en la universidad católica de Psiquiatría, y lo saqué con excelencia. Tuve que trabajar mi compromiso, me levantaba a las 5 am y estudiaba hasta las 8 am todos los días de lunes a sábado, sin excepción. De 8:30 a 13 tocaba hacer mi casa, llevar a mi hija al playground e irme a atender pacientes hasta la tarde-noche y vuelta nuevamente lo mismo. NO fue fácil, pero ahí aprendí que, podía con lo que se me antojara.

Así me fui empoderando y no di cabida para auto derrotarme. Me propuse hacer todo aquello que se me presentara, era los tiempos de probarme. Ahora disfrutaba lo nuevo, ya no había derrotas ni fracasos, todo era una posibilidad de aprendizaje y demostrarme de lo que podía ser capaz.

 


Sin título Me Convertí en escritora

Así se me ocurrió escribir un cuento. Algo que siempre quise hacer, estuve enferma en cama 4 días, y aproveché de escribirlo.  Lo presenté en una editorial, no perdía nada, para mi sorpresa lo aceptaron. Otro gran logro, con esto me demostraba que no podía decir que no, antes de no intentarlo.

Así han pasado muchas cosas en mi vida y sigo en pie, sin quebrarme, demostrándome que soy más capaz ¡Hoy la prueba es demostrarme que puedo hacerlo!

 

 

 


¿Empresaria también?

Si, así es. Me convertí en empresaria de importación de zapatos además de psicoterapeuta. Un mundo nuevo, complejo pero desafiante, y ahí seguimos. No sé si funcionará, pero si no funciona, será un éxito igualmente, porque de pasar a ser tímida y no conversar a conformar una empresa, son palabras mayores para una persona como yo, que ha crecido toda su vida en la búsqueda de la seguridad evitando a toda costa equivocarse.

Hoy proponme lo que quieras y lo voy a intentar. Dado que se puede salir de la inseguridad y dejar atrás la ansiedad y angustia por miedo al fracaso, es que decidí dedicarme a mujeres que duden de si mismas.

 


 

 Mi Propósito es

Ayudarte a ti, mujer que te sientes insegura, que siente miedo a fracasar o equivocarse, a que aprendas que ya eres una mujer poderosa, que llevas dentro una mujer arriesgada que aún no has descubierto, y a la cual hay que despertar para alcanzar todos y cada uno de los éxitos que anhelas. Ya es hora que aprendas a dejar atrás el miedo y la angustia, y pases a la auto confianza.

El mundo necesita mujeres arriesgadas, que aporten con todas sus capacidades y nuevos proyectos.

¡Te enseño todo lo que sé, qué hacer, y cómo hacerlo!

Para que te arriesgues, y descubras a la heroína que hay en ti

 

Si quieres Saber más de mi y cómo trabajo, descarga mi audio aquí abajo.

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