¿Te han dicho alguna vez que te victimizas? Tal vez no eres consciente de hacerlo, porque esta conducta está tan arraigada en nuestra forma de funcionar, que ni siquiera la cuestionamos y llegamos a normalizarla por completo.

Si te sientes identificado o conoces a alguien que se victimiza y compadece, tal vez desees conocer más de este tema y obtener algunas pautas que te sirvan para salir de este juego psicológico.

Tal vez no te sea ajeno haber escuchado o que alguien te haya dicho en alguna ocasión “tú nunca asumes tu responsabilidad”. Si eres una de aquellas personas que se victimiza, entonces es probable que no estés de acuerdo con la frase anterior, pues encontraras que generalmente son los otros los que tienen responsabilidad de las cosas que te suceden. Te costará asumir tu responsabilidad por los errores cometidos, y siempre o casi siempre, atribuirás los resultados o desgracias a las demás personas o a las circunstancias. ¿Culpas a tus padres por el trato que tuvieron contigo en la infancia y por eso eres cómo eres? ¿Culpas a tus parejas por haberte hecho daño, por haberte hecho desdichado o aprovecharse de tus buenas intenciones? Entonces es muy probable que estés en posición de victimismo.

Quien es víctima se auto compadece sin cesar, es decir, siente lastima de sí mismo. Sentir lastima de sí mismo, puede ser benéfico cuando se circunscribe a situaciones específicas, no así, cuando se adapta como un modo de vida y de afrontamiento. Por ejemplo, una persona que ha sufrido la pérdida de un bebe, siente lastima de sí misma por lo vivenciado, y debe darse permiso de hacerlo. Comprender que ha sufrido una pérdida importante, que es normal sentirse vacío, deprimido y sin motivación, es parte del proceso sano de comprender que debe auto acogerse; aceptar y darle espacio a esa pena y decirse a sí mismo “has tenido una perdida importante, corresponde que estés triste y, que vivas y sufras tu pena sin culpas”  Sad_by_virusOXO

Lo anterior, permite desarrollar un duelo sano, para luego pasar a la aceptación y seguir adelante incorporando aquel evento como aprendizaje en su vida, eso es autocompasión sana. Pero si tu autocompasión es constante, se convierte entonces en tu actitud ante la vida, y en el modo de relacionarte con los demás; de ser así, probablemente las personas se distanciarán de ti, o te evitaran, justamente lo que menos deseas.

Si te auto compadeces no aceptas tus responsabilidades, te liberas de cualquier tipo de culpa, por lo que es altamente probable que no saques aprendizajes de dicha situación. Y menos aún, te esfuerces por lograr un cambio efectivo y certero a futuro.

Auto compadecerte es funcionar desde el egocentrismo, sólo tú eres importante, te ves a ti mismo y a tus necesidades; el otro se desdibuja, dando poco lugar a la empatía, a la comprensión del otro. El otro, se sienta poco visto, escuchado y amado; un riesgo inminente para que finalmente las relaciones se distancien, pues todos, absolutamente todos los seres humanos, tenemos hambre de ser vistos, queridos y reconocidos.

Convivir o compartir contigo es como como vivir con un “chupa cabra”; extraes las energías de los otros; tu pesimismo y negatividad los cansa, queriendo muchas veces rendirse. Por otro lado, no eres consciente, pero tú mismo te quitas las energías hasta el punto de no tener iniciativa para nada. Te quedas en la “zona de confort” porque te otorga algún grado de ganancia secundaria.

Finalmente te has resignado. Eres y estas vencido, sin siquiera haberlo intentado, te has auto-decretado fracasado, o sea, has sido el primero en rotularte de este modo autoafirmándote una vez más, lo poca cosa que eres; diciéndote frases como “si no puedo, no tengo dedos pal piano”, “hazlo tú, tu eres mejor que yo” “para que lo voy a intentar, si es muy difícil”  y así, vas enterrándote cada vez más en una visión catastrófica de ti mismo.

Evitas y huyes de los problemas, perpetuándolos cada vez más, sin resolverlos a través de los años. Niegas toda posibilidad de resolución, o lo justificas. Vivencias una y otra vez desde la lástima, ¿por qué te ha pasado lo que te ha pasado? Te niegas a observar y aceptar que está en ti el poder de cambio; que hayan hecho, lo que hayan hecho contigo en el pasado, eres tú el único responsable de la decisión de ser distinto, desde hoy hacia adelante.

Hacerte responsable implica mucho, y puede que te de miedo, pues debes comprender que tu vida es netamente responsabilidad tuya, y eso a veces abruma; pero si comprendes y tomas el peso de todo lo que te has privado en tu vida por victimizarte, por dejar las decisiones de tu vida a los demás, probablemente le darás la bienvenida a esa pérdida; tristeza de darte cuenta de “como has vendido tu vida” Sin embargo, esa tristeza te indicará el término de una etapa, ya no da para más seguir viviendo de este modo. Es hora de hacerte responsable, de hacer y lograr todo lo que siempre has querido.

¡Cuando hagas este cambio comenzaras a ser responsable-triunfador, empezaras a hacerte cargo de tus decisiones, sentimientos, pensamientos y de lo que deseas hacer con tu vida…al fin empezaras a vivir plena y conscientemente!

La autocompasión procede de un sentimiento de indefensión, sientes que nada de lo que hagas surtirá efecto, por lo que te rindes antes de tiempo, a veces sin intentarlo. A través de la autocompasión lo que buscas, es la ayuda de los demás o, una forma de reclamo escondida de ser ayudado y salvado. No eres consciente, pero eres altamente dependiente, con baja autoestima, y es probable que sufras de celos y/o envidia.

Este sentimiento de autocompasión es común en los niños ya que tienden a buscar la compasión de los adultos, en virtud de la gran dependencia que tienen a esa edad. Se espera que en la medida que crezcan vayan madurando y logren auto apoyarse y tengan cada vez más control en sus vidas.

Ahora, más allá de la vulnerabilidad propia de un niño, si estuviste expuestos durante tu desarrollo a un ambiente que te vio vulnerable y desprovisto de alguna capacidad o habilidad, es probable que hayas terminado por convertirte en un adulto “vulnerable”, y con una personalidad inmadura con tendencia a la autocompasión.

Es probable que hayas tenido padres sobreprotectores, o a aquellos que te compadecían constantemente por alguna característica o rasgo, o aprendiste a ganarte el acariño a través de la victimización porque así obtenías atención. Finalmente te enseñaron que es de este modo como debes pararte en el mundo y no apoyarte en ti mismo, no creyendo en tus recursos. Ej.: ¡pobrecita a ella que la abandono el padre, esta tan solita o, pobre él, no sabe dar cariño o; pobre es tan mala para las matemáticas!

Tú y todos los niños que fueron criados de este modo, llegan adultos manteniendo este patrón relacional, haciéndose daños y dañando a los demás. Pero lo bueno es que hay salida, puedes trabajar para dejar ese papel de víctima y aspirar a encarar la vida desde un punto de vista más positivo.

Todo depende de si estas o no dispuesto a abandonar este papel de víctima que has elegido. Para dejar de lado la autocompasión es importante que empieces a ver los problemas como desafíos a superar, y no como amenazas, esto te dará fuerza y motivación para sortear los obstáculo; y no seguir lamentándote por el pasado, si no que centrarte netamente en el presente.

Algunas ideas:

  • Evita el lenguaje desesperanzador “ya no puedo más”, “yo no sé qué es lo que hago mal para merecer esto”, “nadie me entiende” “todo me pasa mí”, con este dialogo interno solo te auto agredes y perpetúas la sensación de incapacidad.
  • Focalízate en tus logros, y en lo positivo que te sucedido, ello te dará una visión de triunfador.
  • Deja de lamentarte por lo que le acontece, más bien acéptalo y busca soluciones que estén 100% bajo tu control, y no en el de otros, aunque eso signifique asesorarte.
  • Busca atención de los demás por tus logros, habilidades, fortalezas, etc., y no por tus desgracias. Date a ti mismo caricias y halagos por tus méritos, por pequeños que sean.
  • Rescata lo aprendido para ti en cada situación, por penosa y difícil que sea, te ayudara a salir empoderado.
  • Aprenda a protegerte a ti mismo, y no le exijas a los demás que te cuiden, que te protejan, etc.
  • No imagines ataques donde no los hay. Pregúntate primero si es real o te lo imaginas. Para salir de dudas verifica con HARTAS evidencias si efectivamente te quieren hacer daño, o si tan solo se trata nuevamente de una idea que tienes de que los demás confabulan en tu contra para hacerte daño, sintiéndose criticado ante cualquier comentario.

Por Tatiana Mechasqui V.

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